domingo, octubre 11, 2026
The Word Designs — visita nuestra tienda
InicioEnfoquesLa pobre Cilia — Capítulo IV: Los narcosobrinos, la rama torcida del...

La pobre Cilia — Capítulo IV: Los narcosobrinos, la rama torcida del jardín

Por Luis Felipe Montiel

El 10 de noviembre de 2015, dos sobrinos de Cilia Flores aterrizaron en jet privado en Puerto Príncipe, Haití.

No iban a broncearse.

Efraín Antonio Campo Flores y Franqui Francisco Flores de Freitas llegaban a cobrar US$11 millones, adelanto de un negocio con un peso específico bastante superior al de una maleta de vacaciones: 800 kilos de cocaína.

Los esperaba José Santos-Peña, un exintegrante del cartel de Sinaloa reconvertido en fuente confidencial de la DEA, que los condujo hasta el restaurante de un hotel. Todo grabado, por supuesto, porque en esta historia hasta el aire parecía tener micrófono.

En algún momento, el informante se disculpó. Dijo que subiría a buscar el dinero y desapareció escaleras arriba.

El dinero nunca bajó.

Los que sí llegaron fueron los agentes haitianos.

Campo Flores y Flores de Freitas fueron arrestados por las autoridades de Haití, expulsados del país y trasladados ese mismo día en un avión de la DEA hasta White Plains, Nueva York.

La historia terminaría años después en una corte federal estadounidense. Pero para entender cómo dos sobrinos de la primera combatiente acabaron esperando once millones de dólares en el restaurante de un hotel de Puerto Príncipe, hay que rebobinar unas semanas.

Campo no era un sobrino cualquiera.

La Corte de Apelaciones del Segundo Circuito documentó que Cilia Flores lo había criado desde temprana edad y que él algunas veces se refería a ella como su madre.

Ese detalle familiar, tan tierno en cualquier otro contexto, terminaría convertido en una de las frases más llamativas de todo el expediente.

“Mi mamá está en campaña”

El 23 de octubre de 2015, en Caracas, Campo y Flores de Freitas se reunieron con Santos-Peña y su hijo, ambos colaboradores de la DEA.

Todo grabado, otra vez.

En medio de conversaciones sobre cocaína, Honduras y logística, Campo explicó su urgencia:

“My mom is running for the election and I need … twenty million dollars.”

Y agregó:

“We need it by December.”

Necesitaba US$20 millones antes de diciembre porque “mi mamá” estaba participando en las elecciones.

Esa “mamá” era Cilia Flores, que Campo llamaba así porque había sido criado por ella. Cilia era candidata a la Asamblea Nacional por Cojedes en las elecciones del 6 de diciembre de 2015.

Según el Departamento de Justicia, Campo habló también de recuperar el control de la Asamblea Nacional y de otros espacios de poder. La Fiscalía sostuvo que, durante otra reunión grabada el 26 de octubre, describió un plan para utilizar parte de los ingresos del narcotráfico para sobornar a funcionarios locales que supuestamente ayudarían a Cilia en aquella elección. (Departamento de Justicia)

Documento del Departamento de Justicia sobre el caso

Pero espere, que la trama tiene giro.

Después del arresto, durante el vuelo de Haití a Nueva York, Campo le dio al agente de la DEA Sandalio González otra versión: dijo que había inventado la historia de recaudar dinero para la campaña de Cilia porque unos amigos le habían advertido que podían robarlo y necesitaba protegerse.

Aquella declaración no fue grabada electrónicamente. Quedó documentada mediante el testimonio, las notas y los informes del agente González. La Corte de Apelaciones no determinó cuál de las dos versiones era cierta.

O sea que tenemos a un hombre diciéndoles a unos narcotraficantes que necesitaba veinte millones para la campaña de su mamá y, una vez esposado, diciéndole a la DEA que aquello había sido un cuento para evitar que lo robaran.

¿Cuál de las dos historias era cierta?

El tribunal no lo resolvió.

En este jardín hasta las mentiras vienen con versiones.

Ochocientas sillas para una fiesta que nunca fue

Tres días después llegaron los números.

Hablaron de 1.000 u 800 kilos y terminaron negociando un primer envío de 800 kilos por US$10 millones, inicialmente con la mitad por adelantado. Posteriormente, el pago anticipado acordado subió hasta US$11 millones.

Porque hasta el narcotráfico tiene inflación.

El código para disimular resultó de una sofisticación casi artesanal.

El 5 o 6 de noviembre, Campo escribió que tenían:

“chairs and the tables … packed for 800 people.”

Sillas y mesas empacadas para 800 personas.

Santos-Peña explicó posteriormente ante el jurado que aquellas “800 personas” significaban 800 kilos de cocaína.

No era precisamente un quince años.

Y por si el código no bastaba, el 27 de octubre apareció algo mucho menos metafórico.

Un kilo de cocaína.

Durante otra reunión grabada en Caracas, los sobrinos presentaron una muestra de aproximadamente un kilo para que Santos-Peña examinara la calidad. El informante la olió, observó su color y la manipuló. Después declaró que se trataba de cocaína de buena calidad.

Un video mostró además unas manos que Santos-Peña identificó como las de Campo poniéndose guantes de látex antes de manipular el paquete.

Campo habló de cuidarse de las huellas porque algún día aquello llegaría “al otro lado”.

Cuidado con las huellas, pero ninguno con el sentido común.

Los 800 kilos completos nunca salieron de Venezuela ni fueron incautados. El plan fue desmantelado antes del vuelo previsto para el 15 de noviembre. Lo que existió y terminó en una condena fue la conspiración para realizar aquel envío.

El avión “como si viajara alguien de la familia”

Y aquí entra el avión, personaje secundario pero con bastante glamour.

En la reunión del 23 de octubre, Campo dijo que la aeronave saldría de Venezuela:

“as if someone from our family were on the plane.”

Como si alguien de nuestra familia estuviera dentro del avión.

Dos semanas después, Flores de Freitas viajó a Honduras en un jet privado y volvió sobre el asunto.

Dijo que el primer cargamento llegaría el domingo 15 de noviembre, que el avión vendría:

“totally clean”

y que procedería del:

“president’s hangar.”

El hangar del presidente.

El Departamento de Justicia sostuvo posteriormente que el plan contemplaba despachar grandes cargamentos mediante aeronaves privadas desde instalaciones controladas por Nicolás Maduro en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. (Departamento de Justicia)

El expediente público que revisamos, sin embargo, no identifica una prueba independiente —un registro de vuelo, autorización, orden presidencial o testimonio de personal aeroportuario— que demuestre que los sobrinos tuvieran realmente autorización para utilizar el hangar presidencial.

Lo probado es que ellos decían que podían hacerlo.

El viaje que terminó en Nueva York

El 10 de noviembre llegó la hora de cobrar.

Campo y Flores de Freitas volaron en jet privado hasta Haití convencidos de que allí recibirían los US$11 millones adelantados.

En el restaurante del hotel confirmaron que el primer cargamento de 800 kilos estaba previsto para salir de Venezuela hacia Honduras el 15 de noviembre.

Santos-Peña recibió entonces la señal.

Dijo que subiría por el dinero.

Y desapareció.

Poco después fueron arrestados.

Cinco días antes de la fecha prevista para el cargamento, la fiesta de las 800 sillas había terminado.

El juicio

El caso llegó ante un jurado federal en Nueva York.

La defensa sostuvo, entre otras cosas, que los acusados no sabían que la cocaína terminaría en Estados Unidos y que habían sido víctimas de entrapment, es decir, inducción por parte del Gobierno estadounidense.

El jurado no aceptó esos argumentos.

El 18 de noviembre de 2016, Campo Flores y Flores de Freitas fueron declarados culpables de conspirar para importar cocaína a Estados Unidos.

El 14 de diciembre de 2017, el juez federal Paul A. Crotty condenó a cada uno a 216 meses de prisión —18 años— y US$50.000 de multa. (Departamento de Justicia)

El Segundo Circuito confirmó las condenas y las sentencias el 20 de diciembre de 2019. (Justia Law)

Decisión de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito

Esta vez no hubo sanción administrativa ni acusación flotando en el limbo.

Hubo investigación, juicio, veredicto y condena.

Y un día regresaron a casa

La historia todavía tenía una última vuelta.

El 30 de septiembre de 2022, el presidente Joe Biden les conmutó las penas.

No los indultó.

El registro oficial de la Oficina del Pardon Attorney identifica expresamente ambas medidas como commutations. Allí permanecen registradas las condenas originales de 216 meses, las multas de US$50.000 y el delito de conspiración para importar cocaína a Estados Unidos. (Departamento de Justicia)

Registro oficial de las conmutaciones presidenciales

Los narcosobrinos volvieron a Venezuela.

Presumiblemente sin sillas ni mesas para 800 personas.

¿Y Cilia?

Aquí regresamos al jardín.

Lo que el expediente prueba es que Campo era sobrino de Cilia, que ella lo había criado desde temprana edad y que él algunas veces la llamaba mamá.

Prueba también que, mientras negociaba una operación de cocaína, Campo dijo que necesitaba US$20 millones porque su “mamá” estaba en campaña electoral.

Después de ser arrestado dijo que aquella historia era inventada.

Lo que este expediente no prueba es que Cilia conociera el negocio, lo autorizara, recibiera dinero o participara en las negociaciones.

No necesitamos agregarle nada.

En el capítulo anterior encontramos a hijos y sobrinos alrededor de contratos públicos, PDVSA, viviendas y el CLAP.

Ahora encontramos a dos sobrinos negociando un cargamento de 800 kilos de cocaína, hablando de millones de dólares, elecciones y un avión que, según ellos, podía salir desde el “hangar del presidente”.

Uno de aquellos hombres llamaba “mamá” a Cilia.

Y terminó condenado a 18 años de prisión.

El apellido volvió a aparecer en el peor lugar posible.

Pero esta vez hubo condena de verdad.

Próxima entrega: La gallina está presa

Seguimos a los pollitos, recorrimos el jardín y encontramos a los narcosobrinos. Ahora toca abrir el expediente de la gallina.

La pobre Cilia — Capítulo V: Ahora la acusada es ella.

 

 

 

RELATED ARTICLES

Most Popular