miércoles, septiembre 23, 2026
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La pobre Cilia — Capítulo III : La mamá de los pollitos: El jardín de los Flores

Por Luis Felipe Montiel

Primero los encontramos en la Asamblea Nacional, haciendo bulto en la nómina como quien hereda un apellido y un cubículo. Eso, ya lo dijimos, era apenas el aperitivo. Mientras unos Flores calentaban sillas parlamentarias, otras ramas del clan empezaron a asomarse por lugares bastante más suculentos: contratos de vivienda, la Tesorería Nacional, las finanzas de PDVSA y el negocio de importar comida a través del CLAP.

Ya no hablábamos de empleos.

Hablábamos de plata.

Y no precisamente de la que se cuenta en monedas.

Cilia tuvo tres hijos —Walter, Yosser y Yoswal Gavidia Flores—, a quienes documentos estadounidenses terminarían bautizando con un apodo que suena a reguetón pero que en realidad es sanción federal: “Los Chamos”.

El 25 de julio de 2019, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos los sancionó dentro del entramado atribuido al empresario Alex Saab, señalando que Saab canalizó dinero hacia los tres a cambio de acceso a contratos con el gobierno venezolano, incluido el programa CLAP. (U.S. Department of the Treasury)

Departamento del Tesoro de EE. UU. — Alex Saab y “Los Chamos”

Y no, la fiesta no empezó con las cajas de comida.

Empezó, como toda buena historia de corrupción tropical, con un terreno.

Un terreno en Vargas

En 2011, según el Tesoro estadounidense, Saab otorgó a los tres hijos de Cilia —junto con su primo Carlos Erik Malpica Flores— un contrato para despejar terrenos destinados a la construcción de viviendas en el estado Vargas. El propio Tesoro sostiene que la relación de Saab con la familia Flores y Malpica fue clave para su acceso a funcionarios y contratos del gobierno venezolano. (U.S. Department of the Treasury)

Ahí quedan servidos, años antes de que el CLAP fuera una palabra de uso doméstico, cuatro miembros del árbol genealógico compartiendo negocio con un colombiano que todavía no era el personaje internacional que después conoceríamos, con escala en cárcel gringa, canje de prisioneros y recibimiento de héroe incluido.

La maleza del terreno, al parecer, resultó más fácil de limpiar que el expediente.

Y Malpica no era el primo que aparecía solamente por las hallacas de diciembre.

Este sobrino llegó a ser Tesorero Nacional de Venezuela y vicepresidente de Finanzas de PDVSA. El Departamento del Tesoro estadounidense lo identifica oficialmente como antiguo ocupante de ambos cargos. (U.S. Department of the Treasury)

Departamento del Tesoro — Carlos Erik Malpica Flores

Repitámoslo despacio, porque la burocracia tiene el don de normalizar lo extraordinario:

Tesorero Nacional.

Vicepresidente de Finanzas de la petrolera más grande del país.

Ya no estaba entre las matas del jardín familiar.

Estaba parado justo al lado de la manguera del riego.

Como 38 millones de dólares, pero en confianza

En junio de 2015, Efraín Campo Flores, otro sobrino, intercambiaba mensajes sobre una empresa que tenía una deuda con PDVSA por unos US$38 millones.

Dos meses después ya se negociaban las condiciones: US$2 millones por adelantado y un 8 % adicional de la deuda para que PDVSA pagara el resto a plazos, según el memorando presentado por la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York.

Esto no suena a alguien pidiendo un favor.

Suena a alguien cobrando peaje.

El 9 de agosto, Campo propuso reunirse con “Erick”.

Erick era, cómo no, su primo Carlos Erik Malpica Flores.

Días después, Campo aseguró que no había “nadie más alto que Erick” y lo presentó como quien ejecutaba del otro lado del mostrador.

Y cuando tuvo que justificar semejante peso institucional, no citó ningún organigrama.

Soltó la frase que probablemente ningún manual corporativo aprobaría jamás:

“Because he is a Flores.”

Porque es un Flores.

No lo dijo un opositor rabioso.

No lo dijo un periodista con agenda.

Lo dijo un Flores explicando el poder de otro Flores, en una conversación sobre millones de dólares.

Eso, amigos, no se inventa.

Ni la mejor telenovela se atreve.

¿Se consumó el negocio? Según el mismo expediente, los potenciales deudores terminaron rechazando el pago y Campo, después de ser detenido, declaró que Malpica había rechazado el arreglo. No hemos encontrado prueba de que Malpica recibiera los dos millones, cobrara el 8 % o consiguiera que PDVSA pagara aquella deuda.

Eso limita la responsabilidad que podemos atribuirle a Malpica.

No borra la negociación de Campo.

Ni borra aquella frase, que quedó flotando como epígrafe de toda esta saga familiar:

Because he is a Flores.

De 25.000 casas a millones de cajas

El apetito de Saab por los contratos del Estado venezolano no arrancó con lentejas.

Arrancó con viviendas.

Según el Departamento del Tesoro, Saab y su socio Álvaro Pulido crearon en 2009 una empresa para participar en un proyecto habitacional. Después de aproximadamente un año de gestiones, el gobierno venezolano otorgó a esa empresa un contrato para construir 25.000 viviendas.

Veinticinco mil.

Eso ya no es un barrio.

Es una ciudad entera.

El Tesoro estadounidense sostiene que el contrato pagaba a Saab y Pulido entre tres y cuatro veces el costo real de construcción de cada vivienda popular. (U.S. Department of the Treasury)

Dos años después aparecen los hijos de Cilia y Malpica en el contrato de Saab para despejar terrenos en Vargas.

Después llegó el CLAP.

Con arroz humilde y facturas nada humildes.

Según OFAC, Saab obtuvo grandes beneficios mediante contratos sobrevalorados del programa y canalizó dinero hacia Walter, Yosser y Yoswal a cambio de acceso a contratos gubernamentales. El Tesoro describió además una red internacional de empresas de fachada utilizada para mover cientos de millones de dólares producto del esquema. (U.S. Department of the Treasury)

Entre las compañías identificadas por las autoridades estadounidenses aparecen Group Grand Limited, Group Grand Limited S.A. de C.V., Asasi Food FZE y Mulberry Proje Yatirim A.S.

Las casas habían dado paso a las cajas.

Y los pollitos seguían alrededor del negocio.

Saab termina hablando ante un juez

El capítulo dio otra vuelta el 15 de septiembre de 2026.

Ese día, Alex Saab se declaró culpable ante la jueza federal Kathleen M. Williams, en Miami, de conspiración para lavar instrumentos monetarios.

Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, Saab admitió haber organizado un sistema de sobornos y otros pagos ilegales a funcionarios públicos para conseguir lucrativos contratos gubernamentales destinados a importar alimentos y medicinas mediante el CLAP.

El DOJ sostiene que los conspiradores utilizaron empresas de fachada, facturas falsas, registros de embarque falsificados y otros documentos fraudulentos para desviar cientos de millones de dólares y posteriormente lavar los beneficios fuera de Venezuela, incluso a través de Estados Unidos. Saab enfrenta una pena máxima de 20 años de prisión y todavía no tiene fecha de sentencia. (Departamento de Justicia)

Departamento de Justicia — declaración de culpabilidad de Alex Saab

Durante años Saab había aparecido en investigaciones, sanciones y acusaciones.

Esta vez estaba frente a una jueza diciendo:

culpable.

La mamá de los pollitos

Cilia no firma ningún contrato en estos papeles.

No aparece negociando aquella deuda de PDVSA.

Tampoco aparece recibiendo el dinero que el Tesoro atribuye al entramado de Saab.

Alrededor suyo, sin embargo, se repite el mismo apellido una y otra vez, como eco en una cueva:

Sus hijos.

Sus sobrinos.

Malpica.

Saab.

PDVSA.

La Tesorería.

Contratos.

CLAP.

Sobornos.

No hace falta apurar veredictos.

Basta seguir a los Flores y ver adónde llegan.

Porque todavía falta la parte más oscura del jardín: 800 kilos de cocaína, teléfonos incautados, conversaciones grabadas y otra frase de Efraín Campo Flores, esta vez sobre su “mamá” y una campaña electoral para la que dijo necesitar US$20 millones.

Los sobrinos también crecieron en el jardín.

Próxima entrega

Los narcosobrinos: la rama torcida del jardín

 

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