viernes, agosto 28, 2026
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Cuando la tierra cobró la factura en Playa Grande

Luis Felipe Montiel

A veces la propaganda necesita catorce años para encontrarse con la realidad. Y cuando finalmente se encuentran, no siempre intercambian saludos. En Playa Grande, estado La Guaira, la cita ocurrió el 24 de junio de 2026, cuando dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron Venezuela y convirtieron un urbanismo presentado años atrás como vitrina revolucionaria en una colección de edificios hundidos, inclinados y aplastados.

El conjunto llevaba un nombre imposible de confundir: Urbanismo Hugo Chávez. También aparecía como Ciudad Chávez y, entre los vecinos, simplemente como “Suma”, por la empresa turca Summa que lo construyó.

La ironía llegó sin necesidad de contratar guionistas.

En agosto de 2012, durante una inspección televisada, Hugo Chávez contempló las obras y las calificó como una “maravilla”, destacando una tecnología que consideraba apropiada para aquella zona frente al mar. Catorce años después, la naturaleza decidió hacer su propia inspección técnica. No llevó cámaras de televisión ni ministros sonrientes: llevó dos terremotos.

Y el resultado fue bastante menos maravilloso.

Muchos de aquellos edificios celestes de cuatro niveles no se desplomaron hacia los lados. Se hundieron. Algunas plantas bajas fueron aplastadas hasta desaparecer y hubo estructuras que perdieron incluso dos pisos. Según los voceros comunitarios citados en la investigación, más de 3.000 familias resultaron afectadas y alrededor de ocho de cada diez edificios presentaron daños.

Una maravilla hecha de metal, yeso y plástico

La descripción de las viviendas tampoco tranquiliza precisamente.

Los edificios eran estructuras prefabricadas de metal, revestidas con fibra de vidrio, madera contrachapada, drywall y listones plásticos. Una solución pensada aparentemente para construir rápido y reducir costos, dos conceptos que suelen sonar estupendamente en una presentación de PowerPoint hasta que la tierra empieza a moverse.

Nancy Rengifo, de 76 años, estaba en la planta baja cuando ocurrió el terremoto. Ella, su hija y su yerno quedaron atrapados bajo materiales y placas de los pisos superiores. Familiares consiguieron entrar por una ventana y rescatarlos. Otros vecinos no tuvieron la misma suerte.

Después del desastre, uno de los residentes, Williams Pico, resumió la sofisticación tecnológica con una frase bastante menos elegante que las pronunciadas durante las inauguraciones: aquello era “una lata forrada con madera, fibra de vidrio y plástico”.

Quizás no sirva para una memoria ministerial, pero como descripción resulta difícil mejorarla.

De Libia a Venezuela, con escala en Miraflores

La historia de Summa en Venezuela tiene también ese perfume tan particular de los grandes negocios donde las licitaciones parecen un accesorio decorativo.

Según el relato del propio empresario Selim Bora, llegó a Caracas el 10 de diciembre de 2010 después de recibir noticias de que existían buenos contactos para hacer negocios en Venezuela. A los pocos días se reunió con Nicolás Maduro, entonces canciller, y posteriormente con Hugo Chávez en Miraflores.

Chávez conocía las actividades de Summa en Rusia y Libia. Después de aquella reunión llevó personalmente a la delegación hasta Vargas, donde quería que construyeran viviendas sociales.

Una especie de contratación por flechazo presidencial: vi sus edificios, me gustaron, vénganse para Venezuela.

El contrato terminó enmarcado en el Convenio Venezuela-Turquía de 2011. Primero se habló de unos 101 millones de dólares para cerca de 1.500 viviendas. Luego las cifras cambiaron: 2.368 viviendas por 113 millones de dólares. Finalmente se construyeron 3.136 unidades habitacionales en tres etapas, la última terminada en 2015.

El pequeño detalle llamado suelo

Había, sin embargo, un inconveniente.

El terreno.

La Guaira está situada sobre una zona sísmicamente activa y con suelos sedimentarios susceptibles a fenómenos de licuefacción. Las propias normas urbanísticas venezolanas advertían sobre esas condiciones y exigían estudios geotécnicos detallados para determinar qué sectores podían urbanizarse.

Además, las disposiciones establecían que los nuevos desarrollos debían cumplir estrictamente con la norma venezolana de edificaciones sismorresistentes.

Pero había prisa.

El complejo nació después de las lluvias y deslaves de 2010, cuando miles de personas necesitaban viviendas. El entonces ministro Ricardo Molina fijó una meta espectacular: construirlo en diez meses.

Porque cuando la política descubre el cronómetro, hasta la geología parece convertirse en un trámite administrativo.

Después del terremoto, el ingeniero civil Julio Gutiérrez examinó fotografías de los edificios y planteó que pudieron haber fallado las fundaciones. Las estructuras inclinadas, explicó, podían indicar ausencia de pilotes capaces de alcanzar estratos más firmes y reducir los efectos de la licuefacción.

El doctor en Ingeniería Carlos Genatios fue todavía más severo: por lo que pudo observar, consideró probable que se hubieran empleado materiales inadecuados y que las construcciones no hubieran respondido a las normas sísmicas venezolanas.

Damnificados, segunda temporada

Y entonces aparece la parte más cruel de esta historia.

Muchos habitantes ya habían sido damnificados antes.

Nancy Rengifo perdió su vivienda durante el deslave de Vargas de 1999. Pasó años desplazada, regresó a la costa y recibió su apartamento en 2013. Trece años después volvió a quedarse sin casa.

Su descripción del edificio después del terremoto es devastadora por su sencillez: parecía que hubieran colocado “tres pisos sobre cuatro hisopos”.

Otros residentes también conocían demasiado bien los refugios, las promesas y esa palabra favorita de la burocracia venezolana: temporal.

Porque en Venezuela algunas soluciones temporales tienen una extraordinaria vocación por la eternidad.

Después de perder nuevamente su vivienda, Williams Pico soltó una frase que funciona como epitafio de toda esta historia:

“La revolución bonita nos hizo esto otra vez”.

No hace falta agregarle sarcasmo.

Ya viene incluido.


Agradecimiento: Esta crónica fue elaborada a partir de la información y los testimonios documentados en la investigación de Armando.info, realizada por Patricia Marcano, Valentina Lares y Roberto Deniz, cuyo trabajo permitió reconstruir la historia del Urbanismo Hugo Chávez, su construcción y las consecuencias del doble terremoto de junio de 2026.

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Hugo Chávez, La Guaira, Playa Grande, Misión Vivienda, Summa, terremoto Venezuela, viviendas sociales, corrupción Venezuela, desastre urbano, construcción sismorresistente

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