lunes, agosto 31, 2026
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El taxista que quiso ser Maquiavelo: el encantador de algoritmos

 

Henry Figueroa Brett

Fernando Cerimedo, vendió viandas, manejó un taxi, organizó torneos de póker en Puerto Rico, en algún momento de esa excursión profesional, descubrió que su verdadera vocación podía estar en un negocio bastante más rentable: transportar ideas políticas.

Participó en la estrategia digital de Jair Bolsonaro en Brasil. Trabajó en Chile contra el proyecto de nueva Constitución. En Argentina colaboró con Mauricio Macri y Patricia Bullrich y posteriormente se vinculó a Javier Milei, para quien trabajó durante la campaña que lo llevó a la Presidencia.

Según la reconstrucción presentada por El Hilo, podcast de Radio Ambulante Estudios, a partir de la investigación de la periodista Soledad Vallejos, Cerimedo también construyó durante años una biografía formidable. Habría entrenado con los Navy SEALs, estudiado en Harvard y trabajado durante la administración de Barack Obama en una supuesta oficina de “Asuntos Internacionales” de la Casa Blanca.

El problema es que, cuando los periodistas comenzaron a revisar algunas de aquellas credenciales, el currículum empezó a comportarse como esos muebles baratos comprados por Internet: magnífico en la fotografía, bastante menos convincente cuando uno revisa las piezas.

Cuando abrieron la puerta en Bolivia

Cerimedo fue detenido el 18 de agosto de 2026 en Bolivia e imputado por feminicidio en grado de tentativa contra Nadia Beller, su expareja y abogada, después de que ella sobreviviera a un ataque armado. La justicia ordenó 180 días de prisión preventiva. Cerimedo rechaza las acusaciones y no ha sido condenado. Corresponderá a los tribunales establecer qué ocurrió y determinar su responsabilidad o inocencia.

Mientras avanzaban otras investigaciones sobre Cerimedo, la Fiscalía allanó varios inmuebles vinculados con él en La Paz. Y detrás de una de aquellas puertas apareció algo inesperadamente familiar.

El fiscal departamental Carlos Torres informó que encontraron más de medio millón de bolivianos, dólares, euros, documentación y lo que calificó como una “mini granja de bots”. Los equipos fueron secuestrados para ser examinados.

Cerimedo niega que se tratara de una granja de bots. Y hasta ahora no existe un peritaje público que permita afirmar qué cuentas operaban esos equipos, qué hacían o si fueron utilizados en alguna campaña política.

Las 50.000 cuentas

En mayo de 2023, tres años antes de que la Fiscalía boliviana pronunciara las palabras “granja de bots”, Cerimedo recibió a Infobae en sus oficinas y explicó con sorprendente franqueza cómo funcionaba su negocio.

Dijo manejar cerca de 50.000 cuentas creadas artificialmente solamente en Argentina, además de otras en Chile.

No se escondía.

Lo explicaba.

Según Cerimedo, las cuentas servían para monitorear conversaciones, generar contenidos y aumentar artificialmente la relevancia de determinados temas en Twitter —hoy X—, Instagram, Facebook y TikTok.

La cifra de 50.000 procede del propio Cerimedo y no ha sido verificada independientemente. Pero su explicación sobre el procedimiento fue todavía más reveladora: si quería que un video fuera visto por mucha gente, necesitaba darle relevancia.

Y esa relevancia, explicó, podía crearse artificialmente.

Cerimedo diferenciaba estas prácticas de una “granja de trolls” tradicional y negaba utilizarlas para campañas sucias. Pero reconocía que creaban cuentas mediante inteligencia artificial, las dotaban de cierta credibilidad y posteriormente las utilizaban dentro de estrategias determinadas.

No parecía estar confesando clandestinamente un crimen.

Estaba describiendo un servicio profesional.

Y ahí aparece otro problema interesante: una granja de bots no es ilegal por el simple hecho de existir. La eventual responsabilidad jurídica depende del país, del uso que se haga de ella y de otras conductas asociadas. Las plataformas, en cambio, sí establecen reglas contra cuentas no auténticas y determinadas formas de manipulación artificial.

El receptor intervenido

Todo esto me resulta particularmente familiar. Ya lo planteé en Más allá del Feedback y, más específicamente, en El receptor intervenido: el ciudadano conserva su capacidad para decidir qué cree y qué rechaza, pero esa soberanía cambia cuando alguien interviene previamente el escenario en el que recibe la información. Una red de cuentas artificiales no necesita convencer directamente a cincuenta mil personas; puede intentar fabricar relevancia para influir sobre el algoritmo y conseguir que sea el algoritmo quien lleve después el mensaje hasta personas reales. No hace falta intervenir la mente del receptor cuando se puede intervenir primero la realidad digital que aparece delante de sus ojos.

La coincidencia incómoda

Sería irresponsable afirmar que los equipos encontrados en Bolivia fueron utilizados en las campañas en las que trabajó Cerimedo.

Sabemos que trabajó en comunicación política en varios países. Sabemos que él mismo declaró manejar decenas de miles de cuentas creadas artificialmente. Sabemos que explicó públicamente cómo podían utilizarse para generar relevancia. Y sabemos que años después la Fiscalía boliviana afirmó haber encontrado en un inmueble vinculado con él una “mini granja de bots”.

El verdadero protagonista

Cerimedo responderá ante la justicia exclusivamente por aquello que pueda probarse. Pero independientemente del resultado de sus procesos judiciales, queda expuesto un fenómeno que trasciende al personaje.

La maquinaria existe.

Cerimedo tuvo, al menos, la peculiar virtud de hablar públicamente sobre una parte de ella. Quizá porque presumir de decenas de miles de cuentas artificiales todavía puede sonar más a sofisticación tecnológica que a problema democrático.

El viejo encantador necesitaba una flauta para atraer a las serpientes. Le basta con convencer al algoritmo de que todo el mundo ya está bailando.

Y entonces nosotros empezamos a escuchar la música.

Crónica elaborada a partir del episodio “El encantador de serpientes”, de El Hilo, podcast de Radio Ambulante Estudios, y contrastada con información periodística y declaraciones públicas de Fernando Cerimedo.

El análisis sobre la intervención comunicacional se apoya en los planteamientos desarrollados por Henry Figueroa Brett en Más allá del Feedback y El receptor intervenido.

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