jueves, agosto 6, 2026
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Infantino contra el muro europeo y el peso de Sudamérica

Por Henry Figueroa Brett

 Aunque la FIFA terminó retirando la propuesta y ensayó una disculpa con tono de admisión de culpa, no se aguantó las ganas de agregar un toque de desafío. Desde Marruecos soltaron un mensaje tajante: no tolerarán más ataques a su integridad ni a su reputación. Pero en Europa la respuesta no se hizo esperar, y la UEFA redobló la apuesta manteniendo el boicot a los torneos organizados por la entidad madre.

El asunto no es menor. Aleksander Ceferin y las 55 federaciones del fútbol europeo dejaron en claro sus condiciones: exigir no solo el retiro de las propuestas privatizadoras, sino garantías formales de que jamás se volverá a intentar desfigurar el fútbol de esa manera. Además, desde el viejo continente ratificaron algo que ya suena a sentencia: perdieron la confianza en Infantino. Y no les mueve el pulso que un puñado de empleados dependientes de la presidencia hayan salido a respaldarlo en Rabat; para la UEFA, eso no cambia absolutamente nada.

Para meterle más leña al fuego, el diario inglés The Times publicó que Infantino le habría ofrecido a Marruecos la final del Mundial 2030 a cambio de su respaldo político para las elecciones. La FIFA salió rápidamente a desmentirlo desde sus canales oficiales, calificando la afirmación de falsa y engañosa. Pero en la calle y en las salas de redacción el rumor ya había hecho su trabajo.

Con las elecciones presidenciales de la FIFA pautadas para el 18 de marzo de 2027, y con el cierre de candidaturas a la vuelta de la esquina —el 18 de noviembre próximo—, el terreno se le vuelve cada vez más estrecho a Infantino. Faltan poco más de 200 días y la tensión aumenta a diario.

El primer choque real de esta crisis está a la vista. En apenas unas semanas arranca en Polonia el Mundial Sub 20 femenino. La pelota debería rodar entre el anfitrión y el seleccionado argentino en el partido inaugural del Grupo A. Sin embargo, con Polonia como sede y con selecciones clasificadas como España, Inglaterra, Francia, Italia y Portugal, el torneo queda directamente en la línea de fuego si el boicot de la UEFA se mantiene firme hasta esa fecha.

Mientras tanto, en la reunión de emergencia en Rabat, Infantino buscó abroquelarse con la Junta Directiva y el Secretario General Mattias Grafstrom, quienes le ratificaron su apoyo como el único mandatario electo por las 211 federaciones miembro. No obstante, las ausencias en esa cita dijeron más que los discursos: figuras de peso técnico y operativo como Arsène Wenger, Jill Ellis, Sarai Bareman y Kevin Lamour pegaron el faltazo y prefirieron no dar la cara.

En medio de semejante marejada, la Conmebol decidió intervenir con su propio peso institucional. Desde Sudamérica celebraron que se haya archivado el proyecto comercial, pero expresaron una firme preocupación por la seguidilla de decisiones unilaterales tomadas sin diálogo previo. El mensaje del bloque sudamericano —que reúne a potencias campeonas del mundo como Argentina, Brasil y Uruguay— fue contundente: no acompañarán ningún procedimiento que margine las normas ni las vías institucionales.

Para la dirigencia sudamericana, el futuro del fútbol solo se puede construir respetando la gobernanza, la democracia interna y los mecanismos formales de las 211 asociaciones. Todo esto con la mirada puesta en el Congreso de Rabat y en la organización del Mundial Centenario 2030, mientras en Europa varios medios ya especulan abiertamente sobre posibles salidas anticipadas del presidente.

Las instituciones, al igual que los periódicos o los gobiernos, viven de la credibilidad. Cuando la institucionalidad se sustituye por la prisa o el manejo personalista, la estructura termina crujiendo. Resta ver si el diálogo logra imponerse o si este pulso dirigencial termina dejando a las principales selecciones del mundo fuera de la cancha.

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