
Hay países que firman convenios de cooperación bilateral. Venezuela desarrolló una modalidad bastante más generosa: abre sectores estratégicos y, años después, todavía cuesta reconstruir quién entró, bajo qué condiciones y con qué socios.
En esa historia hay un país que aparece con una frecuencia difícil de ignorar: Turquía.
Todo arranca, cómo no, con un señor carismático mostrándole terrenos a un empresario extranjero. Diciembre de 2010: Selim Bora, ejecutivo de la constructora turca Summa, llega a Caracas. Según el relato del propio empresario, en pocos días se reúne con Nicolás Maduro —entonces canciller— y después con Hugo Chávez. De aquellos encuentros surgiría el proyecto para construir viviendas sociales en Vargas.
Nace así el urbanismo Hugo Chávez, también llamado Ciudad Chávez, en Playa Grande: 196 torres y más de tres mil viviendas completadas hacia 2015. El proyecto avanzó bajo el paraguas de la cooperación Venezuela-Turquía, con cifras públicas que oscilaron entre 101 y 113 millones de dólares. Una investigación de Armando.info tampoco encontró a Summa en el Registro Nacional de Contratistas.
Como si la empresa hubiera entrado por la ventana del patio y no por la puerta principal.
Summa, sin embargo, fue apenas el aperitivo.
El banquete llegó en 2018, año particularmente fértil para las bodas empresariales turco-venezolanas. El 31 de agosto ocurrió algo que visto retrospectivamente resulta extraordinario: en una misma Gaceta Oficial se autorizaron dos empresas mixtas con socios turcos para explotar dos recursos estratégicos venezolanos.
El Decreto 3.598 autorizó la creación de Mibiturvén, sociedad entre Minervén y Marilyns Proje Yatirim. Inmediatamente después, el Decreto 3.599 autorizó Carboturvén, entre Carbones del Zulia y Glenmore Proje Insaat. Y el decreto anterior, el 3.597, acababa de declarar al carbón mineral estratégico. Todo quedó publicado en la Gaceta Oficial 41.472 del 31 de agosto de 2018.
Una tarde productiva.
Marilyns recibió participación en el negocio aurífero venezolano. Investigaciones periodísticas encontraron además que compartía números telefónicos registrados en Estambul con otra compañía turca: Mulberry Proje Yatirim. Compartir un teléfono no demuestra que dos empresas tengan los mismos propietarios, pero cuando ambas aparecen alrededor de negocios venezolanos semejantes, al menos justifica preguntar quién está al otro lado de la línea.
Y entonces aparece Alex Saab.
En julio de 2019, la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos, OFAC, incluyó a Mulberry dentro de la red empresarial que atribuyó a Saab y Álvaro Pulido. El Departamento del Tesoro sostuvo que Mulberry compraba productos en Turquía para clientes venezolanos y los revendía con márgenes, y vinculó a la compañía con operaciones relacionadas con oro venezolano y pagos realizados a través de Turquía. Se trata de una determinación sancionatoria estadounidense, no de una condena penal contra la compañía. Departamento del Tesoro de Estados Unidos
El oro ya tenía compañía.
Porque Glenmore, la socia turca escogida para el carbón, tampoco se quedó exclusivamente en las minas zulianas.
Cinco meses después, el 18 de febrero de 2019, el Decreto 3.767 autorizó otra empresa mixta, esta vez entre Maderas del Orinoco y Glenmore Proje Insaat. Nació así Maderas de Venezuela y Turquía, Mavetur.
La misma empresa turca aparecía ahora en dos sectores estratégicos diferentes: carbón y madera.
Y Glenmore tenía otra peculiaridad. Investigaciones de Armando.info identificaron a Lorenzo Antonelli, concuñado de Alex Saab, en documentación societaria relacionada con la compañía. Armando.info: las huellas de Saab en el carbón
A estas alturas, el mapa empezaba a parecer menos una colección de coincidencias y más un álbum de familia empresarial.
Mientras tanto, Mibiturvén siguió escribiendo su propia historia. En abril de 2025, decenas de trabajadores de la minera fueron detenidos por organismos de seguridad acusados de delitos relacionados, entre otros, con tráfico de material estratégico. Al menos 29 fueron excarcelados en junio de 2026 después de permanecer más de un año detenidos, mientras familiares y defensores denunciaron irregularidades procesales y malos tratos. Alertas 24: trabajadores de Mibiturvén excarcelados
La empresa creada para explotar oro mediante cooperación binacional había terminado produciendo también expedientes penales.
Y cuando parecía que la ruta turca había recorrido suficientes estaciones —vivienda, oro, carbón y madera— apareció el camarón.
Grupo Lamar llegó a concentrar una porción extraordinaria de la producción camaronera venezolana. Después de un complejo conflicto empresarial y judicial en Zulia, el conglomerado turco Miller Holding apareció públicamente como inversionista relacionado con sus activos y Xia Caribe Mar Miller como nueva identidad u operador comercial.
Aquí, sin embargo, aparece un vacío documental importante.
Las fuentes públicas revisadas permiten identificar la presencia de Miller y la operación comercial asociada a Xia Caribe Mar Miller, pero todavía no muestran el instrumento jurídico fundamental: no hemos encontrado contrato de compraventa, concesión, arrendamiento, resolución de intervención o sentencia que explique exactamente bajo qué figura se produjo la entrada del grupo turco.
Y esa ausencia también es información.
Vista por separado, cada operación puede parecer un negocio diferente. Una constructora haciendo viviendas. Una empresa minera buscando oro. Otra explotando carbón. La misma entrando después en madera. Un conglomerado invirtiendo finalmente en camarones.
Vista en conjunto, aparece otra cosa.
Summa. Marilyns. Mulberry. Glenmore. Miller.
Ladrillo. Oro. Carbón. Madera. Camarón.
No existe evidencia suficiente para afirmar que todas estas compañías pertenezcan a una misma organización empresarial ni que cada operación haya sido ilegal. Hacerlo sería convertir indicios en sentencia.
Lo que sí está documentado es una sucesión de empresas turcas entrando durante más de una década en sectores sensibles de la economía venezolana, mediante convenios bilaterales, decretos presidenciales, empresas mixtas, relaciones comerciales y, en algunos casos, estructuras empresariales vinculadas por autoridades estadounidenses o investigaciones periodísticas al entorno de Alex Saab.
Por eso la pregunta ya no es qué hace una empresa turca invirtiendo en Venezuela. Eso sería perfectamente normal.
La pregunta es otra:
¿Por qué tantas empresas turcas terminaron apareciendo en tantos sectores estratégicos venezolanos, quién abrió cada puerta y bajo qué condiciones?
Turquía no abrió simplemente una sucursal en Venezuela.
Abrió una ruta.
Y todavía no sabemos quién cobró todos los peajes.


