viernes, octubre 23, 2026
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Dos gobiernos, un mismo berrinche: quién manda en la pantalla

Por Luis Felipe Montiel

Hay una vieja certeza campesina que nunca falla: los burros del mismo pelo, cuando se ven, se saludan. No hace falta que se conozcan de toda la vida. Basta con el pelaje. Y esta semana, dos gobiernos que juran no tener absolutamente nada en común se saludaron con un gesto parecido: la mano extendida para tapar la boca ajena.

Empecemos por Washington, donde Donald Trump decidió, con la delicadeza de quien reparte cupos en su fiesta de cumpleaños, que hay periodistas que entran a la Casa Blanca y periodistas que se quedan lamiendo la verja.

El viernes anunció que CNN, MS NOW y Politico quedaban fuera de la Casa Blanca. La justificación fue la de siempre, esa muletilla que ya tiene callo de tanto repetirse: fake news. Cuando le preguntaron qué hecho puntual había provocado la decisión, Trump dijo que no había uno en particular: era el peso acumulado de años de cobertura que considera falsa. Y dejó caer otros nombres que podrían correr la misma suerte: The New York Times y The Washington Post. Reuters: Trump prohíbe el acceso a CNN, MS NOW y Politico (Reuters)

La cosa no se quedó en el berrinche verbal. Este sábado, MS NOW informó que sus periodistas ya habían sido rechazados al intentar ingresar a los terrenos de la Casa Blanca. La corresponsal Akayla Gardner contó que su credencial había sido desactivada y confiscada. Associated Press: periodistas de MS NOW rechazados en la Casa Blanca (AP News)

El detalle es que la Casa Blanca no es la casa de Donald Trump.

Es la sede del Poder Ejecutivo de Estados Unidos.

Y entre ambas cosas hay una diferencia que la república estadounidense lleva más de dos siglos intentando preservar.

Trump ya conoce ese terreno. Durante su primer mandato, su gobierno intentó retirar las credenciales del corresponsal de CNN Jim Acosta y del periodista Brian Karem; jueces federales ordenaron restituir sus pases. Más recientemente, la Associated Press fue excluida de determinados espacios después de mantener el nombre Gulf of Mexico en lugar de adoptar la denominación Gulf of America preferida por Trump. Reuters: antecedentes de los conflictos de Trump con la prensa (Reuters)

Un presidente puede decidir a quién invita a determinadas reuniones reducidas o quién cabe en ciertos espacios restringidos del Despacho Oval. Pero cerrarle la puerta a un medio por el contenido de su cobertura es otro deporte, y ahí aparece inevitablemente la Primera Enmienda y, probablemente, los tribunales. Los especialistas consultados por Reuters distinguen precisamente entre el acceso selectivo a determinados eventos y una exclusión más amplia de instalaciones y credenciales disponibles habitualmente para la prensa. (Reuters)

Mientras en Washington se discute quién puede entrar a preguntar, en Caracas comenzó otra historia.

El gobierno venezolano empezó a levantar restricciones contra algunos portales informativos. El Pitazo, Efecto Cocuyo, Crónica Uno, El Estímulo, EFE y otros medios recuperaron acceso después de años de bloqueos. Conatel anunció formalmente el restablecimiento del acceso a diversas plataformas y medios nacionales e internacionales. EFE: Venezuela comienza a levantar restricciones a medios digitales (EFE Noticias)

Es una buena noticia.

También es una noticia incompleta, que en Venezuela es casi una especialidad de la casa.

Espacio Público advirtió que el levantamiento de las restricciones fue selectivo. Espacio Público: desbloqueo selectivo de sitios web en Venezuela Según VE Sin Filtro, después de las primeras liberaciones todavía permanecían bloqueados al menos 188 dominios, 79 relacionados con sitios de noticias. El Diario: los medios que siguen bloqueados en Venezuela (Espacio Público)

Y ahí aparece El Nacional.

Su primera página de este sábado parece escrita por el destino con sentido del humor negro: mientras se anuncian desbloqueos, el diario informa que sus restricciones aumentaron de 64% a 76%. Espacio Público y VE Sin Filtro sostienen que la infraestructura que permite ejecutar la censura continúa activa.

En esa misma portada, la magistrada emérita Blanca Rosa Mármol de León califica el levantamiento parcial de restricciones como una “manipulación” y sostiene que permitir el acceso a un grupo reducido de medios mientras otros permanecen censurados no constituye una apertura democrática. Esa es su valoración; lo comprobable es que el desbloqueo no ha alcanzado a todos los medios y que El Nacional denuncia un incremento de las restricciones contra su portal.

Hay, sin embargo, una señal que no conviene sepultar bajo el sarcasmo.

Representantes del gobierno y de la Asamblea Nacional electa en 2015 acordaron instalar una mesa técnica sobre libertad de expresión y acceso a la información, además de una comisión paritaria encargada de verificar avances y supervisar los compromisos. Ambas delegaciones se declararon en sesión permanente hasta el miércoles 23 de septiembre.

Algo es algo.

No, las dos historias no son gemelas.

Venezuela arrastra años de bloqueos digitales y restricciones estatales contra medios de comunicación. Estados Unidos posee tribunales, organizaciones de prensa y una Primera Enmienda que permite impugnar judicialmente las decisiones del gobierno. Confundir ambas realidades sería tan cómodo como equivocado.

Pero hay una pregunta común detrás de ambos conflictos:

¿Hasta dónde puede llegar el poder cuando intenta decidir quién entra, quién informa y qué información llega hasta la gente?

Thomas Jefferson ya había reflexionado sobre ese problema mucho antes de que existieran CNN, Internet, redes sociales o portales bloqueados.

En una carta dirigida a Edward Carrington el 16 de enero de 1787, planteó que, si tuviera que escoger entre un gobierno sin periódicos y periódicos sin gobierno, no vacilaría en preferir lo segundo. Y añadió una condición fundamental: que todos pudieran recibir esos periódicos y fueran capaces de leerlos. La carta original puede consultarse en los archivos de Monticello. Monticello: carta de Thomas Jefferson a Edward Carrington, 1787 (Monticello)

Doscientos treinta y nueve años después, la frase conserva una incómoda actualidad.

 

 

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