Una explosión provocada por un vehículo cargado con explosivos dejó al menos once heridos cerca de un comando policial en Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela. El ataque, ocurrido durante las Ferias de la ciudad y a pocos días de la toma de posesión de Abelardo de la Espriella, reaviva las alarmas sobre la violencia armada que atraviesa Colombia en la antesala de un cambio de gobierno marcado por promesas de mano dura.
Once personas resultaron heridas la madrugada de este sábado luego de que un vehículo cargado con explosivos detonara junto al comando de Policía de Norte de Santander, en Cúcuta. Según confirmó a la agencia EFE el secretario de Seguridad Ciudadana del departamento, George Quintero, entre los afectados hay ocho uniformados y tres civiles, uno de ellos una mujer que atendía un puesto de café en la calle.
La explosión inicial fue seguida de otras detonaciones menores en distintos puntos cercanos, en una zona próxima al mercado mayorista Cenabastos, donde a diario circulan camiones de carga desde la madrugada. Esa dinámica habitual del sector habría facilitado que el vehículo bomba pasara inadvertido para las autoridades antes del ataque.
Testigos y periodistas en el lugar describieron un panorama de fachadas dañadas y vehículos en llamas, mientras policías, militares y vecinos se congregaban en la zona antes de que se conociera un balance oficial de heridos. Quintero calificó lo sucedido como un hecho «atroz y violento» y lamentó sus consecuencias para la comunidad.
El atentado golpeó a Cúcuta justo cuando la ciudad celebraba sus tradicionales Ferias, lo que generó un fuerte rechazo entre dirigentes locales. El senador Wilmer Carrillo expresó su respaldo a la Policía Nacional y a los residentes que, según dijo, vivieron una noche de terror. En el mismo sentido se pronunció la representante a la Cámara Diana Riveros, quien lamentó que la fiesta cucuteña quedara eclipsada por la violencia y expresó su cercanía con los policías heridos y sus familias.
Un ataque en la antesala del cambio de gobierno
El hecho ocurre exactamente una semana antes de que Abelardo de la Espriella, abogado, empresario y presidente electo de tendencia derechista, asuma el cargo el próximo 7 de agosto. A diferencia de la costumbre histórica de realizar la ceremonia en el Congreso, en Bogotá, De la Espriella pidió trasladarla a Cali, en el suroccidente del país, una región golpeada por los enfrentamientos entre bandas de narcotráfico y grupos guerrilleros.
El mandatario electo había planteado inicialmente jurar en una guarnición militar del Cauca, una de las zonas más afectadas por el conflicto armado, pero el presidente saliente, Gustavo Petro, no dio luz verde a esa propuesta. Petro, el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, entregará el poder tras un gobierno marcado por sus intentos de negociación con distintas estructuras armadas.
Ante los riesgos de seguridad que implica el traslado de la posesión, las autoridades colombianas han dispuesto uno de los operativos más grandes que se recuerden para este tipo de ceremonias: cerca de 11.000 uniformados entre policías y militares desplegados por tierra, mar y aire.
De la Espriella ha basado buena parte de su discurso político en el compromiso de endurecer la lucha contra las guerrillas y las organizaciones vinculadas al narcotráfico, responsables, según distintos análisis, de la peor escalada de violencia que vive el país en los últimos diez años. Colombia continúa siendo el mayor productor de cocaína del mundo. Con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, el mandatario electo ha anunciado además su intención de construir una alianza militar conjunta con Washington y con Israel, y ha adelantado que buscará romper relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua.
Uno de los cambios de fondo que se anticipan con su llegada al poder es el fin de los procesos de paz que Petro impulsó con varios grupos armados, una decisión que ya ha generado advertencias de organizaciones guerrilleras hacia el presidente electo. De la Espriella, por su parte, ha señalado en distintas ocasiones que existe un plan para atentar contra su vida.
Una campaña marcada por la violencia
El camino hacia estas elecciones estuvo lejos de ser pacífico. La contienda electoral estuvo atravesada por hechos de violencia política y por un recrudecimiento del conflicto armado, con ataques a la fuerza pública que incluyeron el uso de explosivos y drones cargados con material detonante. El episodio más grave de ese periodo fue el asesinato, en 2025, del entonces senador y precandidato presidencial de derecha Miguel Uribe Turbay, quien murió luego de recibir un disparo durante un evento público en Bogotá.
El atentado de este sábado en Cúcuta se suma así a una larga lista de hechos violentos que han acompañado el proceso electoral y la transición de gobierno, y pone nuevamente en evidencia los enormes desafíos de seguridad que enfrentará la nueva administración desde su primer día en el poder.


