viernes, julio 24, 2026
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Venezuela, un mes después del sismo: la emergencia médica da paso a una crisis de salud mental

Un mes después del doble terremoto que golpeó el litoral central de Venezuela el 24 de junio, la emergencia entró en una nueva fase: ya no se trata de rescatar sobrevivientes, sino de acompañar el duelo y enfrentar una crisis de salud mental que promete extenderse durante años. 

 

De la emergencia médica a la crisis psicológica

Andrea Spaett explica que en los primeros días tras el sismo, cuando MSF era la única organización humanitaria internacional presente en Venezuela, el trabajo se concentró en sostener hospitales desbordados. Con el paso de las semanas, el foco se trasladó a la calle, donde miles de personas continúan viviendo en campamentos frente a edificios colapsados. Allí, la salud mental se transformó en uno de los ejes centrales de la respuesta humanitaria.

Un símbolo de esa transición es Los Silos, la morgue improvisada instalada en el puerto de La Guaira, adonde siguen llegando cuerpos casi un mes después de la tragedia. En ese lugar, que Spaett califica como sumamente difícil de presenciar, MSF no desplegó una clínica médica sino un equipo de tres psicólogos que atienden tanto a las familias que van a reconocer a sus muertos como al personal encargado de manipular los cuerpos.

Una población que pierde la esperanza

Según Spaett, lo que cambió en las últimas semanas no es tanto el volumen de las necesidades sino el tipo de angustia que empieza a manifestarse: la gente ya no solo lidia con el shock inicial, sino con preguntas sobre qué futuro le espera tras haberlo perdido todo —familiares, viviendas y perspectivas de vida—. En zonas como La Guaira, fuertemente dependientes del turismo, esa incertidumbre tiene además un componente económico, ya que Spaett considera improbable una recuperación rápida de esa actividad.

Los equipos de MSF recorren distintos puntos de La Guaira y Caracas con clínicas móviles, incluyendo un despliegue reciente en Naiguatá, una zona que había quedado relativamente desatendida. Allí combinan consultas médicas con sesiones individuales y grupales de apoyo psicológico, buscando primero que la propia gente logre identificar síntomas como insomnio, dolores de cabeza o de espalda como manifestaciones del trauma vivido.

Spaett reconoce que lo que observan los equipos excede la angustia esperable tras una catástrofe: hay casos de depresión y, en ciertas situaciones, pensamientos suicidas entre personas que perdieron a sus seres queridos y su vivienda y no logran visualizar una salida. Se trata de cuadros que requieren seguimiento sostenido en el tiempo, por lo que MSF comenzó a coordinar con el Ministerio de Salud y otras organizaciones para garantizar continuidad en la atención durante los próximos meses.

Coordinación en construcción

El jefe de misión describe una articulación con las autoridades venezolanas que avanza gradualmente, mientras el Ministerio de Salud instala campamentos transitorios y crece el número de organizaciones locales e internacionales sumadas a la respuesta. Ese crecimiento no siempre se traduce en orden: Spaett admite que con tantos actores buscando su espacio, la estructuración de la ayuda todavía toma tiempo.

En el plano hospitalario, MSF terminó apoyando a nueve centros de salud entre La Guaira y Caracas. Ninguno colapsó totalmente, aunque varios sufrieron daños que redujeron su capacidad de camas. En el Hospital Vargas persiste un problema con las tuberías que la organización intenta resolver con sus propios ingenieros de agua y saneamiento, dentro de un trabajo más amplio de tratamiento y cloración que hasta ahora permitió evitar un aumento de casos de diarrea, uno de los indicadores que se vigilan para prevenir brotes epidémicos en los campamentos.

Solidaridad en medio de la devastación

Pese al panorama, Spaett se muestra especialmente conmovido por la solidaridad del pueblo venezolano, incluyendo la de sus propios colegas de MSF, varios de los cuales perdieron su vivienda en el sismo y, aun así, organizan colectas de ropa y comida para otros afectados tras largas jornadas laborales.

El país que ya estaba golpeado

Spaett evita fijar una fecha de cierre para la emergencia: calcula que la fase más aguda podría durar algunos meses más, aunque el acompañamiento a los sobrevivientes —incluyendo cirugías y rehabilitación para pacientes con politraumatismos— se extenderá más allá de este año. Insiste en que la reconstrucción debe sostenerse con apoyo internacional, señalando que Venezuela ya atravesaba una crisis política y económica antes del terremoto.

El saldo, un mes después

Según el último balance oficial, difundido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, se contabilizan 5.398 fallecidos, 16.740 heridos y 17.907 personas que perdieron su vivienda. Entre 29.000 y 50.000 personas permanecen sin localizar, según distintas fuentes. Actualmente, 23.335 personas viven en 107 campamentos transitorios, y de los 856 edificios afectados, 190 colapsaron. Se registraron además 1.463 réplicas desde el 24 de junio.

En paralelo, el Gobierno comenzó la toma de muestras de ADN para identificar cuerpos, el FMI desbloqueó 346 millones de dólares para financiar la respuesta, y el Ejecutivo prometió construir 4.000 viviendas este año y 10.000 más en 2027.

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