sábado, junio 20, 2026
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La transición venezolana tiene dueño, y no vive en Caracas

Estados Unidos ha tomado las riendas del proceso de transición política en Venezuela, no solo tutelando al Gobierno encargado de Delcy Rodríguez, sino eligiendo directamente a los interlocutores que liderarán ese camino. La señal más clara llegó con el regreso a Caracas de Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional elegida en 2015, quien volvió al país este jueves tras ocho años en el exilio con una misión definida desde Washington.

Figuera se reunió con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional oficialista, y con el encargado de negocios estadounidense, John Barret. Su rol, según ella misma ha insistido, es institucional y no político: encabezar un proceso de reinstitucionalización que deberá presentar resultados concretos antes de finales de 2026, entre ellos la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral. «No concibo transformar un árbitro electoral con puros políticos», afirmó, asegurando que buscarán a «los mejores» para esa tarea.

Esta jugada tomó por sorpresa a buena parte de la oposición. Figuera emergió como figura negociadora poco después de que María Corina Machado anunciara en el encuentro de Panamá su disposición a liderar la transición. Washington abrió así una tercera vía que descoloca a la coalición opositora Plataforma Unitaria Democrática, cuyos integrantes no han expresado públicamente su postura sobre lo que ya está ocurriendo. Las reuniones internas entre opositores se han multiplicado para evitar una nueva fractura.

Figuera ha intentado despejar las tensiones marcando una distinción de roles: «María Corina es la líder del proceso, fue elegida en unas primarias. Yo soy la presidenta de la Asamblea Nacional y aquí estamos hablando de institucionalidad». También rechazó las acusaciones de quienes la tildan de haber pactado con el chavismo: «A mí no me van a llamar alacrán», usando el término venezolano para referirse a opositores que negocian con el Gobierno.

En distintos sectores de la oposición se habla de un golpe «noble y duro» de Estados Unidos a Machado, comparable a cuando el opositor Enrique Márquez fue invitado por Trump al discurso del Estado de la Unión en febrero pasado. Un exdiputado de la AN 2015 lo resumió con crudeza: «Estados Unidos escoge quién negocia con Jorge Rodríguez, y no es el pueblo venezolano». Para algunos, esto plantea un nuevo problema de legitimidad: la asamblea lleva tres años sin reunirse y, si se la convocara para avalar lo acordado, posiblemente no alcanzaría quórum.

Por su parte, el chavismo mantiene una postura ambigua. La cúpula no parece abiertamente en contra de la llegada de Figuera, pero sus sectores más duros sostienen que su regreso —amparado en la ley de amnistía— implicaría el fin de la AN 2015. Esa tesis, sin embargo, se contradice con el hecho de que a esa misma asamblea y a su presidenta se les haya asignado el papel de conducir la transición. Una diputada oficialista de línea dura llegó a afirmar en redes sociales que no hay ninguna negociación en marcha, sino una agenda de acuerdos que no contempla elecciones, y que el Departamento de Estado ya enterró el llamado Manifiesto de Panamá.

Trump, en los hechos, ha sacado a la AN 2015 de la hibernación y la ha colocado frente al Gobierno de los Rodríguez. Es un eco del desafío que lanzó Juan Guaidó en 2019, aunque en un contexto muy distinto: Maduro fue capturado el 3 de enero pasado y los Rodríguez han gobernado bajo tutela estadounidense desde entonces, aprobando leyes para atraer inversión petrolera y minera, recibiendo empresarios y funcionarios de Washington. Pero los avances institucionales han sido mínimos: siguen habiendo presos políticos, la reforma judicial quedó en manos del chavismo y el cambio de fiscal fue apenas un reacomodo interno.

El reloj constitucional también presiona: en menos de un mes se cumplen los 180 días que la Constitución establece para un Gobierno encargado, tras los cuales debería elegirse un nuevo presidente. Los Rodríguez habían esquivado el tema, pero la llegada de Figuera abre una puerta que ya no es fácil cerrar.

La transición venezolana, en definitiva, avanza a un ritmo marcado desde Washington, con actores seleccionados por la Casa Blanca y un calendario que depende más de la voluntad de Trump que de los propios venezolanos.

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